domingo, 26 de diciembre de 2010

Nocturno de Ibagué



Los gualandayes amargos
guardan silencios añejos en sus flores.

El canto de guitarras ancianas
es un espanto a medianoche.

Los muertos van por la calle con tambores.
Pequeños cuchillos blancos
                                            entran en los pechos como colibríes.
Las noches ámbarinas llevan grillos sempiternos,
Ya no existen las serenatas.

Tan, tan, tan

Alguién tocó las campanas de un monasterio abandonado.

Tan, Tan, Tan

Ya no suenan las tamboras con sus míticos ecos pijaos,
Sólo se oye el silbido de las sombras,
Los disparos del hambre,
Las ambulancias esquizofrénicas que no dejan de llorar.

Mis noches,
Mis noches largas.
Noches de miedo y desvelo.

Oigo tras la puerta los cascos de caballos sin jinete,
Una mujer grita y reconozco el color de sus ojos.

Tan, tan, tan

Ha muerto alguien con una canción en la boca
Y se la han robado para venderla en el mercado negro.

Ahora sé porque los gualandayes se embriagan de silencio.
 

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