sábado, 15 de enero de 2011

Porro fúnebre de Mechoacán

A mi gente de Mechoacán
Me la están sacando a las malas,
Les mandan cartas escritas
Con venenosa tinta que mancha.
Que me la están sacando a las malas.
Apunta e'  bala.
Apunta e' bala.

Se bajan de un Mercedes
los mensajeros de la desgracia,
salieron volando los ángeles
y se les olvidaron las alas.
Eran los Paras.
Eran los Paras
los que a la puerta golpeaban
y a quienes no les abrieron
Los acostaron 
para siempre en una angosta cama.

A la gente de Mechoacán
me la están sacando a las malas.
A punta e' bala.
A punta e'  bala.

Me la sacaron, me la sacaron.
Desterrándolos de las casas.
Me la sacaron. Los arrancaron.
Manchas de sangre dejaron
en el tapete de entrada.
Se los llevaron y los buscaron
hasta en los puertos de Riohacha.

A la gente de Mechoacán
me la están sacando a las malas.
A punta e bala.
A punta e bala.

Al gigante de la Drummond
no le importo quienes eran,
No conocía sus nombres
Pero sí conocía sus tierras
porque quería comer carbón
con sus tenedores de piedra.
No tenía corazón
pero sí una barriga abierta
el traje de gala se le ensució
de carbón carmesí
y fluida sangre negra.

A la gente de Mechoacán
me la están sacando a las malas.
A punta e bala.
A punta e bala.
¿Ya nadie los recuerda?

miércoles, 5 de enero de 2011

MEMORIAS DE UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN



No pude dormir ayer.
No por mi cama dura.
No por miradas de hielo.
No por el hambre que erosiona mi cuerpo
Y chilla como una rata en las tuberías de mi vientre.
No pude dormir porque me dolía soñar.
Porque venían murciélagos a mi cabeza
Y se posaban en mí con sus garras sucias y  hocicos hambrientos.
Eran los recuerdos del pasado
Tan bellos que en este momento       son feos.
Me dolía oler las flores          de aquel verano lejano
Y  ver mi podredumbre         y ver mis pobres huesos
Cubriéndose de hongos         sobrevolado por moscas
Y asediado por gusanos que no esperan el día de mi muerte para empezar a comerme.
Me duele el arco iris porque        ahora todo es gris,
Gris campo    Gris invierno,
Gris uniforme a rayas
Grises cuerpos sin carne,
Grises esqueletos.

Hace días que han muerto los vecinos de mi barraca,
Y las SS no se han dado cuenta.

Parecen tan felices mis vecinos en la muerte
Que la única sonrisa que florece
Es la de los muertos que no sienten.

Mi voz ya no habla.
Ya no se necesita la voz
Cuando no hay nada que hablar
Cuando no hay oídos dispuestos a escuchar.
Ya no existes
Y estas consciente de tu inexistencia.
Ya no es miedo, ya no es dolor,
Ya no es ira, ya no es tristeza.
Ya se siente uno sin sentir
Porque ya no hay salidas
Y la esperanza fue exterminada en una cámara de gas.

sábado, 1 de enero de 2011

Canto del Distrito Capital


El perfume de una flor fantasma
Rompe el concreto.

Wiu, Wiu, Wiu, Wiu
Las sirenas del infierno.

Anda el velo de la muerte
lamiendo el cielo.

Un vómito herrumbroso
Se derrama de las chimeneas

Frío, Frío, Frío, Frío
De una frialdad que quema.

Hubo una flor amarilla
Bajo esta acera.

Hubo...

Hubo un nido de cóndores,
Un río de cristal.

Hubo...
Ya nadie lo recuerda.

Wiu, Wiu, Wiu, Wiu
Las sirenas del infierno.

Hay un camino de sangre
que brilla en el pavimento.

Ríos, Ríos, Ríos, Rios
Ríos de insectos de fierro.

En las esquinas se agolpan
las palomas y sus perros.

Peces nadan en corbata
con cara de bellos enfermos.

Hacen la marcha-rutina
de los errantes  ciegos,

son peces en el agua
de gris humo y desespero.

Cierra los ojos
Y los oídos.

Un perfume marchito sube,
Dulce amarillo de miel
Sus pétalos de señorita
Enamorada del sol.

Hubo una flor, sí,
La ciudad es su tumba.