miércoles, 5 de enero de 2011

MEMORIAS DE UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN



No pude dormir ayer.
No por mi cama dura.
No por miradas de hielo.
No por el hambre que erosiona mi cuerpo
Y chilla como una rata en las tuberías de mi vientre.
No pude dormir porque me dolía soñar.
Porque venían murciélagos a mi cabeza
Y se posaban en mí con sus garras sucias y  hocicos hambrientos.
Eran los recuerdos del pasado
Tan bellos que en este momento       son feos.
Me dolía oler las flores          de aquel verano lejano
Y  ver mi podredumbre         y ver mis pobres huesos
Cubriéndose de hongos         sobrevolado por moscas
Y asediado por gusanos que no esperan el día de mi muerte para empezar a comerme.
Me duele el arco iris porque        ahora todo es gris,
Gris campo    Gris invierno,
Gris uniforme a rayas
Grises cuerpos sin carne,
Grises esqueletos.

Hace días que han muerto los vecinos de mi barraca,
Y las SS no se han dado cuenta.

Parecen tan felices mis vecinos en la muerte
Que la única sonrisa que florece
Es la de los muertos que no sienten.

Mi voz ya no habla.
Ya no se necesita la voz
Cuando no hay nada que hablar
Cuando no hay oídos dispuestos a escuchar.
Ya no existes
Y estas consciente de tu inexistencia.
Ya no es miedo, ya no es dolor,
Ya no es ira, ya no es tristeza.
Ya se siente uno sin sentir
Porque ya no hay salidas
Y la esperanza fue exterminada en una cámara de gas.

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