domingo, 30 de septiembre de 2012

La canción del poeta pobre

Se acabaron los billetes
Y se agotan las monedas
Menos mal que aún es gratis
El billar de las estrellas.

No habrán lujos ni relajo
Para el que escribe poemas
Sus gustos no tienen precio
Si es que quiere ser poeta

Los pesares nunca faltan
-Si es humano en esta tierra-
Este mundo no es tan malo
Y al poeta no le niega
El licor de los ocasos
en las tardes veraniegas.



Manifiesto de los novísimos poetas inmorales de principios de siglo

Escúpele a Dios en la cara, y no temas que se te devuelva. La consagración y la fe no se comparan con el placer que da la blasfemia y la herejía. El arte no se arrodilla ante nadie. La estética oficial aburre y es necesario retar al orden para que el arte nazca de un acto de valentía y no de complacencia. Esta época frívola ha corrompido el aura del arte; la gente oye a Chopin en los centros comerciales como música para ambientar las nuevas iglesias de la religión del capital. Los artistas son artistas porque salen en televisión. La gente compra cuadros abstractos para ponerlos en la pared del comedor. La santidad se ha ido con el resto de valores que corroyó a Occidente. Tan falsamente libre. Tan ingenuamente transgresora. Aquí ya no hay de donde agarrarse. Para lo único que sirven los ídolos es para injuriarlos, insultarlos, y romper sus estatuas. La gente quiere morbo, sangre, aberraciones, excesos, improperios, y se los vamos a dar hasta que se hastíen y comiencen a valorar al arte no como a una puta sino como a un deber que hay que mirar y escuchar... Porque hay que sentir, sentir el dolor para rechazarlo y luchar por algo menos indignante que este basurero que llamamos civilización. Si habrá que recordarles su pasado animal a los hombres, lo haremos para que retornen al simio y volvamos a los árboles.

Dios tiene calzoncillos y mea y caga y se masturba como nosotros, porque está hecho a imagen y semejanza del hombre. La virgen María era ninfómana y su lujuria era tan desbordante que la arrastró a la zoofilia y le hizo el amor a una paloma. 

Si no encuentras el sentido en la vida, si Dios ha muerto, entonces que reine el diablo, y ojalá sea el diablo del Carnaval de Riosucio. Porque a nosotros nos exalta la rebeldía, nos enciende el fuego de toda revolución, nos libera un insulto, nos excita una diatriba, nos hace tan humanos una perversión. Eso es lo único que perdura. Por eso perviven  los escritos clandestinos -¡Míralos como arden en la hoguera de la censura y son escondidos debajo de los colchones!

Nosotros, los artistas de la inmoralidad, nos encanta ver el rostro del pudor desfigurado, de la fe maldecida y de la ley rota. Porque los artistas somos destructores, y sobre las ruinas construimos la nueva casa del mundo. El arte nace peleando desde el vientre, el arte es una gran revolución y los artistas su chusma iracunda que se toma el palacio.



Jean Paul enamorado


  El amor existe. Claro que sí. Es un problema tanto íntimo como de interés público. El amor ha llevado a que se desaten guerras, provocado miles de asesinatos y suicidios. En los registros de la literatura, la música y la pintura, el amor aparece siempre como un sentimiento bello y sublime, que conlleva a la tragedia y a la muerte en muchos casos.  Si algún poeta quiere lectores, escriba sobre el amor, el más universal, y moverá más masas que cualquier religión o partido político. Todo el mundo quiere amor, hasta el más misántropo ama su misantropía o otro misántropo como él. No se puede evitar, a menos que se extirpen las glándulas que produzcan las hormonas que generan el amor. Un hombre frío sin la dopamina debe sentirse miserable y hasta debe estar triste de no sentir el amor y la falta de amor también lo mataría, en todo caso el amor lleva al desastre. Pero no hablemos de sus incontables amarguras, ya lo sabemos, ya las hemos llorado, sino el por qué lloramos al amor, el por qué nos causa tanta tristeza, melancolía, ira y nostalgia, todas estas son expresiones no del amor en sí, sino indirectas, el amor como dice Gonzalo Arango, el Profeta, consta de dos partes correlativas, ausencia y posesión, de un equilibrio siempre trágico... El amor es aquella felicidad que bulle en el estomago como lo que llamamos comúnmente mariposas, lo que es en sí una intoxicación, el hombre está intoxicado cuando se enamora. Es algo similar a cuando bebemos, sentimos la euforia, el júbilo, la belleza del amor, queremos estar vivos, sentimos la vitalidad, el corazón latir, el pensamiento hace cortocircuito, el amor es bello porque nos hace olvidarnos de nosotros mismos, es un alienante, es un fármaco poderoso. Tememos tanto a la soledad porque nos duele estar en sí mismos y siempre tenemos que huir de nosotros, de la voz interior, de la sombra y creamos la fantasía, que sale de nosotros pero que es una ficción de nosotros, ajena. La economía, la religión, la política, la cultura, las artes todo es un intento infructuoso de huir de nosotros mismos, intentos infructuosos que no superan en lo mínimo el poder del amor, que hace tambalear cualquier imperio, el amor, ese Eros barbárico que llega con sus huestes a caballo a decapitar estatuas, a quemar viviendas, a violar a las vírgenes. Nadie lo puede parar, es una cuestión de la naturaleza, como una erupción volcánica o un arrasador tsunami; la razón es un castillo de arena ante los vientos del amor, aunque se intente, no se puede evitar sentirlo, es una enfermedad, es una sensación y las sensaciones no se pueden negar. El amor se siembra en las venas y comienza a echar raíces en el pensamiento, lo domina, lo instiga a sugestionarse, por culpa también del miedo a la soledad y del sentimiento de ego que busca trascender al Yo. Se cuela y arma todo un armatoste de fantasías,ficciones, elaborando el pedestal para encaramarse y dominar desde allí al cuerpo y al alma.
La sensación bella del amor hace que a la vez sea la sensación de tristeza y dolor que causa su ausencia o su imposibilidad. Es un arma de doble filo, es una astucia de Afrodita que pone el dulce y esconde el veneno en el interior. Cómo ya lo he dicho, el amor es una droga, la droga que domina todo el cuerpo, tanto el falo como el espíritu que queda en el falo. Lo envicia con su placer, el placer más exagerado que se pueda sentir, mil inyecciones de H no lo pueden igualar, tal vez la muerte en su último instante de agonía se parezca al amor, pero no lo sé... Sólo se que es más poderoso que Dios mismo. Dios es Amor. Dios es un buen polvo. Yo he sentido a Dios saliendo de mi uretra, expulsado como lava hirviendo.

Pero una de las expresiones del amor que más me sorprenden son aquellas en que se ama tanto a otra persona que es preferible no estar con la persona amada para que ésta sea feliz, es un amor que rompe los límites del amor, es un amor tan grande que se resigna a acabarse, o tal vez a sufrir por el resto de la vida. Eso si es cosa de santos, uno debe terminar como un asceta, en la soledad, con una sonrisa y una lágrima en la mejilla. Amar entonces de verdad, trasciende el hecho del acto sexual de unión, el amor trasciende el ego y el mismo miedo a la soledad, el amor conoce que es la felicidad y no la quiere para él, quiere ver esa felicidad en el otro, quiere generar esa felicidad, quiere parir sonrisas. El verdadero amor, o al menos este tipo de amor, creo, el más sublime, es capaz de soltar la mano de la amada para que viva feliz, ya sea con otro o en la soledad necesaria. El amor si es muy extraño. Yo no lo entiendo y no quiero entenderlo. Me voy a emborrachar de él cuantas veces quiera, pero también me guardaré las dosis. Todo lo que queremos es un beso, un buen beso, un beso en donde se dejen las esperanzas. 

El amor nos abruma como la majestuosidad de un ocaso, nos echa para atrás y nos hace sentir lo que somos,diminutos e ínfimos pero lo suficientemente afortunados de sentirlo.

La caída de Venus


     La belleza clásica ha caído de su pedestal. Ha rodado cuesta abajo, por la falda del Olimpo. Se ha quebrado las costillas, se ha roto las dos piernas, se le han caído los dientes, la nariz se le ha torcido y ahora yace convaleciente en el suelo: magullada, desaliñada, sucia, herida, ensangrentada, horrible,  fea… Pero a mí me sigue  pareciendo bella. Su hermosura aún me cautiva como a un adolescente. Me encanta así, rota, quebrada, miserable, derrotada. Esa belleza que ya no es una vanidosa señorita que se contonea para que la vean, esa belleza que se sentaba en las piernas del poder para besar los labios grotescos del viejo tirano. No, esa belleza dejó sus vestidos de seda para revolcarse en el lodo de la inmundicia, para mancharse de la grasa de las fábricas, untarse de la sangre de las guerras y gemir en la  posesión de la carne sin escrúpulos. Ella me hace el amor con sus llagas encendidas. Me regala los orgasmos que evocan los ocasos. Me habla al oído, me grita cuando no la escucho. Me golpea, me apuñala, me confunde. Siempre se me muestra tan diferente pero nunca deja de  encenderme hogueras de vida, me recuerda a la muerte, pasa como un cometa pero se queda en mí como el fantasma de la infancia.
Hay muchas bellezas, con muchas máscaras, vestidos, tonos de piel y timbres de voz, pero todas convergen en mí, abrevan en mí cuerpo y beben de mi mente. Celebran una orgía en mi carne e invocan el espíritu. Quien la ve queda maldito y no querrá ver más ojos que sus ojos, ojos de gata en la oscuridad.

Utopía


Si ser intelectual es ser un ídolo sobre un pedestal de papel, no quiero ser intelectual. 

Si ser poeta es ser un pájaro ornamental que nadie entiende, entonces no soy poeta.

Si ser político es ser un empresario de esperanzas, entonces no soy para nada un político.

Si ser patriota es creer que solo en esta tierra se pueden dar las mejores frutas y no en otras latitudes, entonces no tengo patria.

Si ser padre es querer preservar mi memoria y mi sangre en otra existencia, entonces nunca tendré hijos.

Si ser religioso es tener una fuga para no darme cuenta de lo que pasa con el mundo, entonces abandonaré todo templo.

Si amar es poner grilletes en el corazón de otros, nunca me enamoraré.

Si ser un ser humano implica tener un hambre feroz para devorármelo todo y no compartirlo con nadie, entonces no soy un hombre.

Estoy comenzando a ser una utopía.