lunes, 3 de noviembre de 2014

Ayotzinapa


A los 43 normalistas de la escuela rural Isidro Burgos de Ayotzinapa y a todos los muertos y desaparecidos de México 


No estamos seguros en las noches que esconden muerte
Ni en las calles, ni en las plazas,
No estamos seguros
ni siquiera en nuestras casas.
Todo nos lo han quitado
la bandera, la tierra y la infancia
Todo nos lo han quitado,
toda , toda confianza,
Todo nos lo quitaron
Ese septiembre oscuro
En Ayotzinapa.

El dolor es una raíz arrancada del pecho
como un grito de mandrágora,
las lágrimas anegan de sal las ya doloridas llagas.
Altas fueron las llamas con las que quemaron sus cuerpos
para apagar sus almas,
gente humilde de pueblo,
muchachos de noble raza,
descendientes de aztecas,
de Revueltas y Cabañas,
En Guerrero fue su muerte,
que todos lo recuerden
¡la masacre fue en Iguala!
y su ausencia nos duele desde la Sierra Madre,
pasando por los Andes
hasta las argentinas pampas.
Oh, todo nos lo quitaron
esa tarde en Ayotzinapa.

Los sueños descuartizados,
 enterradas las esperanzas,
¿A quien no le duele esto?
ésto que nos espanta
como un trueno que cae
sobre un árbol lleno de ratas,
como un rio crecido donde flotan las calacas.
Todo México ahora es un cementerio sin lápidas,
Un abismo sin fondo donde cualquiera cae,
Un águila envenenada por serpientes infernales.
Oh, te han quitado todo,
Todo en Ayotzinapa,
como en aquel Tlatelolco donde reinó la bala.

Toda América
es un dolor telúrico,
es una sola rabia,
un descontento mudo,
una mañana que sangra,
nos han quitado todo,
la sangre, los huesos,
la patria,
hoy solamente palpita en el corazón una dentellada,
Ayotzinapa, Ayotzinapa,
solo
queda la venganza.